Enfoca tu atención en tres aspectos clave. Primero, el contacto con el suelo: observa si en algún momento ambos pies están en el aire (pérdida de contacto), especialmente cuando el marchista acelera o está fatigado.
Segundo, la rodilla: la pierna delantera debe estar completamente recta al momento del contacto inicial y mantenerse así hasta que pasa por la vertical del cuerpo; un atleta élite domina esta extensión incluso a ritmos frenéticos.
Tercero, el movimiento de cadera: ese característico balanceo no es estético sino biomecánico; los mejores marchistas generan potencia desde la cadera manteniendo un movimiento fluido y económico que les permite sostener velocidades de menos de 4 minutos por kilómetro en hombres y menos de 5 minutos en mujeres durante más de 20 kilómetros.
Fíjate también en las tarjetas: una tarjeta amarilla es advertencia (caución), una roja es falta; tres rojas de diferentes jueces = descalificación, salvo que la competencia use zona de penalización: entonces la tercera roja es una parada obligatoria y la cuarta, de otro juez, descalifica.